domingo, marzo 05, 2017

La Colombia del postconflicto: #Narcotráfico, #Paramilitarismo, #Corrupción

ENTRE ODEBRECHT, EL PARAMILITARISMO Y EL NARCOTRÁFICO

Los tentáculos de Otto Bula

En el ojo del huracán por el escándalo de la constructora brasileña, al excongresista le aparecieron graves antecedentes por presuntas relaciones indebidas.
En la medida en que la justicia escarba el poder económico del excongresista Otto Bula, detenido por el escándalo de los sobornos de la constructora brasileña Odebrecht en Colombia, no sólo ratifica que en pocos años llegó a acumular un patrimonio superior a los $50.000 millones, sino que ha tenido relaciones con personajes asociados al paramilitarismo y el narcotráfico. En especial, las pesquisas apuntan a extraños vínculos económicos con individuos allegados a la tenebrosa Oficina de Envigado.
La decisión de la Dirección de Fiscalía Nacional Especializada para la Extinción del Derecho de Dominio de embargar sus bienes en Bogotá, Cartagena, Sahagún, Lorica, Cereté, San Jacinto, Montería y la región de los Montes de María entre Sucre y Bolívar, comienza a demostrar que se trata de un hábil hombre de negocios, bien relacionado con el mundo político y en contacto con gente vinculada a la mafia. Un personaje que, al margen del tema Odebrecht, ya estaba en el radar de la justicia colombiana desde 2011, y ahora también en el de la justicia estadounidense.
El primero que sacó a relucir el nombre de Otto Bula fue el extraditado jefe narcoparamilitar de Antioquia Juan Carlos El Tuso Sierra. Desde una cárcel del estado de Virginia, en Estados Unidos, en junio de 2010 Sierra aseguró que Bula era el socio y testaferro del excongresista Mario Uribe Escobar, quien un año después fue condenado en el llamado escándalo de la parapolítica. Entonces se abrió un expediente que nunca tuvo avances significativos. Por esa misma época, la DIAN recibió varias alertas sobre su excesivo incremento patrimonial.
Según se conoce ahora, entre 2004 y 2010 Otto Bula pasó de un patrimonio bruto de $1.962 millones a ostentar uno de más de $21.000 millones. Sin embargo, estos hallazgos tampoco motivaron a la justicia a agilizar sus investigaciones. En 2011, a la Corte Suprema de Justicia fue remitido un anónimo, según el cual una oficina de abogados y una fundación habían cumplido funciones de testaferrato para lavar activos en Antioquia. La Corte hizo la pesquisa y de nuevo el nombre de Otto Bula apareció relacionado con oscuras transacciones.
La Corte remitió sus hallazgos a la Fiscalía sin que el asunto tuviera desarrollo. En esencia, era información relacionada con la compraventa de tierras en Córdoba y la región de los Montes de María, como un predio que terminó en manos del exjefe paramilitar Hebert Veloza García, alias H.H., extraditado a Estados Unidos en marzo de 2009; otro que negoció con el fallecido exgobernador de Córdoba Jorge Ramón Elías Náder, procesado en el escándalo del 8.000, y también los múltiples negocios de tierras con Mario Uribe.
Sobre este último nexo, en un allanamiento practicado a la Fundación Bertha Arias de Botero, la justicia encontró abundante documentación para demostrar negocios de tierras entre Bula y Uribe por más de $14.000 millones. Cabe recordar que Bula fue suplente del exsenador Mario Uribe entre 2000 y 2002. Ante este y otros detalles encontrados por la justicia, Bula dio una versión libre en la Fiscalía en agosto de 2012, que hoy constituye un aporte clave para entender los alcances del protagonista principal del caso Odebrecht.
Otto Bula aseguró que antes de ser mayor de edad ya estaba dedicado a los negocios y que hasta los años 90 fue un exitoso productor de carne y leche, en la actividad ganadera. Luego se asoció con John Moisés Besaile, hermano del actual congresista Musa Besaile, para un negocio de abarrotes. Tuvo además relaciones económicas con Miguel Bernardo Elías, padre del congresista Bernardo Ñoño Elías, y después se dedicó a comprar tierras improductivas para reactivarlas o bienes urbanos para apostar al negocio inmobiliario.
En esas vueltas, igualmente, Bula terminó concretando negocios con la empresa que utilizaron los hermanos Ignacio y Juan Fernando Álvarez Meyendorff para lavar dinero. Ignacio Álvarez fue capturado en Argentina en abril de 2011 y extraditado a Estados Unidos. Su hermano, Juan Fernando, se entregó a la DEA en abril de 2013. Hoy, ambos están procesados por una corte de Nueva York por delitos asociados con el tráfico de estupefacientes y el lavado de activos. Algunas de estas transacciones también pasaron por las cuentas de Mario Uribe.
Por la misma época, en el interior de la Oficina de Envigado se libraba una guerra a muerte por el poder. Tras el asesinato de Gustavo Upegui López en julio de 2006, en San Jerónimo (Antioquia), y la extradición a Estados Unidos de Diego Murillo Bejarano, alias Don Berna, en mayo de 2008, se desató la pugna. Sucesivamente tomaron el mando y fueron cayendo presos Leonardo Muñoz alias Douglas, hasta abril de 2009; Maximiliano Bonilla, alias Valenciano, capturado en 2011, y Eric Vargas, alias Sebastián, detenido en 2012.
Al final se abrió paso Jorge Pérez Marín, alias Morro, quien se desmovilizó como autodefensa con el bloque Héroes de Granada en agosto de 2005 y, en medio de las venganzas, intentó ser el capo de la Oficina de Envigado. El 31 de diciembre de 2012 cayó abatido a tiros en una masacre en Envigado en la que murieron nueve personas, entre ellas cuatro mujeres. Una de las víctimas fue la modelo Carolina Arango. La justicia estadounidense documentó después que Otto Bula quedó en la encrucijada por la compra de bienes a nombre de alias Morro.
La pelea por las propiedades del asesinado heredero de la oficina de Envigado pusieron a Bula en aprietos, especialmente por las presiones de Wilmar Alexis Metaute Zapata, alias Pichi Calvo, decidido a quedarse con el mando de la Oficina de Envigado. También desmovilizado del bloque Héroes de Granada de las autodefensas, Pichi Calvo terminó asesinado en un bar de Medellín en junio de 2014. En la escena del crimen, los investigadores de la Fiscalía encontraron un documento que volvió a incluir el nombre de Otto Bula.
En un papel apareció un escrito en el que se lee: “el señor Guillermo Arango le debe al señor Otto Bula $5.450 millones para pagar en febrero 15 de 2014. Le dará garantía hipotecaria”. La incógnita sobre Guillermo Arango, alias Gurú, terminó aclarándose parcialmente por cuenta de otro capítulo paralelo en la larga historia del narcotráfico en Colombia. La de Iván López Vanegas, extraditado a Estados Unidos en 2003 y absuelto por la justicia de ese país en 2007. Hoy, López libra una pelea judicial que contextualiza pugnas mayores.
Según él, fue extraditado a los Estados Unidos por falsas acusaciones y procesado por narcotráfico. En octubre de 2007 recobró su libertad absuelto por una corte de Atlanta. Entonces se enteró de que, mientras estaba preso, su hijo Sebastián López había sido secuestrado por gente de la Oficina de Envigado liderada por alias Morro. El plagio tuvo como fin obligarlo a firmar un documento en blanco que después terminó en la autorización ilegal para que un costoso bien en el municipio de Envigado pasara a las arcas de la oficina de cobro.
Cuando Iván López se enteró de lo que había sucedido en el tiempo en que estuvo preso en Estados Unidos, decidió recuperar su propiedad. A través de un antiguo intermediario para compra de tierras, se enteró de que su propiedad en la vereda Perico, de Envigado, después de pasar por un tercero utilizado para el negocio, estaba en manos de Héctor Restrepo Santamaría, alias Perra Loca. Este sujeto comandó el frente Titiribí de las autodefensas, en el suroeste de Antioquia, entre 2003 y 2004, y se desmovilizó en noviembre de 2004.
Luego retornó al narcotráfico y en 2010, en espera de una sentencia en una corte de Nueva York, viajó a Estados Unidos. Dos años después fue sentenciado y permaneció preso en ese país hasta la primera semana de febrero de 2017, cuando fue dejado en libertad y deportado a Colombia. Ahora está preso en el país por temas relacionados con el narcotráfico. Ese fue el personaje que se quedó con el costoso bien de Iván López y por el cual él terminó hablando en Miami con Guillermo Arango, alias Gurú, para tratar de recuperar su propiedad.
Además de la deuda de $5.450 millones con Otto Bula, el referido alias Gurú tiene una historia por explorar. Fue la pareja de la modelo Marcela Posada, fallecida en 2008, y luego de la modelo Tatiana Gil, de quien se separó en 2015. Lo que nunca se ha aclarado es que, a propósito de los reclamos de Iván López, la Superintendencia de Notariado y Registro adelantó una búsqueda de bienes relacionados con los reclamos de López y constató que Tatiana Gil Muñoz poseía 14 predios a nivel nacional conectados con el caso.
En julio de 2016, la Dirección de Fiscalía Nacional Especializada para la Extinción del Derecho de Dominio ordenó medidas cautelares para suspender el poder dispositivo de los bienes reclamados por Iván López. La medida incluye el embargo y el secuestro bajo la suposición de que tuvieron que ver con dineros del narcotráfico.
El dilema es que en el predio principal de la vereda Perico, sobre un área de 742.000 metros cuadrados, se levanta uno de los proyectos inmobiliarios mas ambiciosos del departamento de Antioquia: el Meritage, situado a cinco minutos de la variante Las Palmas-Aeropuerto de Rionegro, que pretende construir un complejo urbanístico sobre un terreno de 56 hectáreas y que estima sus ventas en $470.000 millones. La obra es de la empresa Royal Realty Group, que busca demostrar que fueron compradores de buena fe y nada tienen que ver con la Oficina de Envigado. En pocas palabras, por ahora el bien no es de la constructora ni de Iván López. Lo tiene la Fiscalía en espera de poder quedarse con él.
Más allá del proyecto urbanístico Meritage, del enigmático Guillermo Arango o su exesposa Tatiana Gil, de alias Perra Loca y su regreso a Colombia, donde debe explicar su papel en la Oficina de Envigado, o de los abatidos capos alias Porro y alias Pichi Calvo, asesinados en 2013 y 2014, el eslabón que ahora busca aclarar la justicia es Otto Bula. Aunque por estos días lo que se busca es establecer su papel en el escándalo de Odebrecht, nunca es tarde para que se sepa hasta dónde llegaron sus relaciones con el paramilitarismo y el narcotráfico.

Relacionado:  http://www.elcolombiano.com/blogs/revelacionesdelbajomundo/ofensiva-judicial-de-e-u-contra-la-oficina/7361/comment-page-1#comments

domingo, febrero 26, 2017

#Memoria Necesidad Urgente!


 | 2017/02/24 21:39 http://www.semana.com/cultura/articulo/museos-de-la-memoria-en-el-mundo/516618

11 templos que guardan la memoria de hechos atroces

Los museos de la memoria son espacios que buscan reconfigurar la historia de una sociedad, reparar a las víctimas y darle un nuevo significado a la violencia. Semana.com presenta un recorrido por los más simbólicos de Colombia y el mundo.
 Yad Vashem complejo de museos del Holocausto en Israel. Foto: EFE

En países marcados por una historia de conflictos armados, violencia y violación a los Derechos Humanos (DDHH), los museos de la memoria surgieron para no permitir que estos hechos atroces queden en el olvido. Son espacios que buscan reconfigurar la historia de una sociedad, reparar a las víctimas y resignificar la violencia. El conflicto armado y la violencia en Colombia tienen su correlato en otros países del mundo que han optado por poner su memoria al servicio de la sociedad. Semana.com les trae un recuento de estos espacios.
Museo de la memoria y los Derechos Humanos en Santiago de Chile
 Resultado de imagen para Museo de la memoria y los Derechos Humanos en Santiago de Chile
Foto: (EFE)
Este espacio busca visibilizar las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado Chileno entre 1973 y 1990. En el hall de acceso se expone la siguiente frase: “no podemos cambiar nuestro pasado; sólo nos queda aprender de lo vivido. Esa es nuestra responsabilidad y nuestro desafío”.
Espacio de Memoria y Derechos Humanos en Argentina
 La imagen puede contener: una o varias personas, multitud, cielo, árbol y exterior
Foto: (EFE)
La Esma (Escuela Mecánica de la Armada) durante el golpe de Estado en Argentina funcionó como centro clandestino de reclutamiento, detención, tortura y exterminio. Ahora este lugar se conoce como el Espacio de Memoria y Derechos Humanos, donde funcionan un conjunto de instituciones que buscan reivindicar la memoria, la verdad y la justicia, y promover los derechos humanos. Néstor Kirchner, presidente de Argentina durante la creación del Museo de la Memoria, en su discurso sostuvo que: “no es rencor ni odio lo que nos guía y me guía; es justicia y lucha contra la impunidad”.
Museo del Apartheid en Sudáfrica
 Resultado de imagen para Museo del Apartheid en Sudáfrica
Foto: (EFE)
Apartheid significa separación. Se refiere al sistema político de segregación racial y división de la Nación que culminó con la llegada de Nelson Mandela al poder. Este museo surgió como intento para contrarrestar la versión racializada que se institucionalizó en Sudáfrica, para que la memoria de ciertos incidentes no quedara en el olvido ya que es parte de la historia de la lucha contra el régimen. En la página del museo se expone la siguiente frase de Nelson Mandela: “ser libre no es meramente despojarse de las cadenas sino vivir de una manera que respete y realce la libertad de los demás”.
Museo de la Paz de Sierra Leona
Resultado de imagen para special court for sierra leone
Foto: (EFE)
Se encuentra ubicado dentro de los terrenos del Tribunal Espacial. Éste alberga archivos y artefactos relacionados a los procesos de violencia que vivió el país, durante las guerras civiles. Este espacio se creó como monumento conmemorativo a la guerra, testimonio del sufrimiento de las víctimas y busca proporcionar un espacio físico para cuestionar las causas del conflicto. En la página web del museo se expone: “somos un testimonio del sufrimiento de las víctimas de la guerra y aspiramos a reconocerla públicamente”.
Hiroshima Peace Memorial Museum en Japón
 Resultado de imagen para Hiroshima Peace Memorial Museum en Japón
Foto: (EFE)
Hiroshima fue el escenario del primer bombardeo atómico durante la Segunda Guerra Mundial, ordenado por Harry S. Truman presidente de los Estados Unidos en 1945. El gobernador estadounidense ordenó un segundo ataque a Nagasaki tres días después. El Museo Memorial de la Paz de Hiroshima revive la memoria de los alrededor de 260.000 japoneses que murieron tras el bombardeo atómico, la gran mayoría  de ellos falleció días después por causa de envenenamiento radioactivo. El museo cuenta con objetos de las víctimas, fotografías y recuerdos de la ciudad antes y después del ataque.  
Yad Vashem complejo de museos del Holocausto en Israel
Resultado de imagen para Yad Vashem complejo de museos del Holocausto en Israel
Foto: (EFE)
El Yad Vashem fue construido en 1953. Los judíos decidieron construir un monumento a los seis millones de judíos que murieron durante el Holocausto y a quienes sobrevivieron. El museo se caracteriza por mantener una voz compuesta por testimonios, diarios, artefactos y obras de documentación. El presidente del comité directivo del museo sostiene que el propósito de este es: “educar a las generaciones más jóvenes sobre el Holocausto desde una perspectiva judía. Yad Vashem está respondiendo a esta necesidad desarrollando las herramientas necesarias para perpetuar el diálogo entre pasado, presente y futuro”.
Museo del Genocidio Armenio en Armenia
Resultado de imagen para Museo del Genocidio Armenio en Armenia
Foto: (EFE)
Este museo forma parte del Complejo Memorial de las Víctimas del Genocidio Armenio. Tiene como misión el estudio académico y científico y análisis del genocidio, así como, la exposición de documentación textual y visual relacionada. Narra desde la voz de los supervivientes la tragedia por la cual murieron más de un millón de personas. El director del museo sostiene que: “este lugar sagrado abraza y refleja los recuerdos y valores de los armenios en todo el mundo”.
Whitney Plantation en Estados Unidos
Resultado de imagen para Whitney Plantation en Estados Unidos
Foto: EFE.
El Whitney Plantation es el único museo en Estados Unidos dedicado a contar la historia de la esclavitud, como se argumenta en la página The New York Times Magazine. Esta institución busca que queden en el olvido los relatos que no son contemplados en la historia oficial, se trata de contar una historia más compleja sobre la esclavitud. El historiador senegalés Dr. Ibrahima Seck, a su vez director de la investigación en Whitney Plantation, afirma que es importante que las personas comprendan que “nadie nace racista, pero se puede crecer en un ambiente que conforman estas ideas racistas en la mente de las personas”.
Museo Casa de la Memoria en Medellín
 Resultado de imagen para Museo Casa de la Memoria en Medellín
Foto: Efe.
Este museo fue el primer espacio en Colombia que busco darle un lugar a la memoria. Se construyó a partir de la contribución directa de las víctimas de dibujos, fotos y relatos hablados. El museo se conformó alrededor de procesos de construcción y circulación de las memorias del conflicto armado, la construcción de expresiones culturales, la realización de conmemoraciones, entre otros. “Este espacio es una casa de diálogo y encuentro para entender lo que ocurrió y está ocurriendo en nuestra sociedad, reencontrar la esperanza y pensar en otros futuros posibles”, se lee en su página web.
Museo etnográfico en Leticia
Resultado de imagen para Museo etnográfico en Leticia
Foto: Render Museo. 
Las culturas de la amazonia colombiana aún recuerdan la barbarie de la masacre de las caucherías o de la Casa Arana. Se trata de un exterminio de más de 30.000 indígenas de las diferentes etnias que habitan el amazonas por la ambición de los comerciantes del caucho. Por eso, este espacio se construyó con la participación de las comunidades indígenas. Argumenta José Darío Uribe, director del Banco de la República, que los indígenas apropian este lugar “como un centro de estudio de sus identidades, como lugar de encuentro entre las numerosas etnias que confluyen en la región y como un lugar de diálogo”.
Museo Nacional de la Memoria en Bogotá
Resultado de imagen para Museo Nacional de la Memoria en Bogotá
Foto: Render Museo. 
Para finalizar, en Colombia, tras más de medio siglo de conflicto y en medio de un proceso de paz, está en proceso el Museo Nacional de la Memoria, que entrará en funcionamiento en el 2018. El museo se propone esclarecer lo sucedido en el país, reparar al reconocer y dignificar a las víctimas y contribuir en la construcción de una cultura de respeto por la diferencia. Martha Nubia Bello, directora del museo, sostiene que el lugar será “un espacio donde la sociedad colombiana pueda enfocar su labor en transformar la historia de violencia en una historia de paz y se interrogue sobre su compromiso como ciudadanos en la transformación de esa historia de violencia”.
Por Juanita Franky

domingo, febrero 19, 2017

El exterminio de los Huitotos... y un Irlandes..

La historia del irlandés al que los huitotos rinden tributo

El trabajo de Roger Casement fue clave para detener la matanza que diezmó la población indígena.

Por:  ARMANDO NEIRA | 
 
Casement llegó al país en 1910, con la misión de reportar a Gran Bretaña los abusos de la explotación cauchera.
Foto: Archivo particular
Casement llegó al país en 1910, con la misión de reportar a Gran Bretaña los abusos de la explotación cauchera.
  • Facebook
  •  
  • Twitter
  •  
  • Google Plus
  •  
  • Email
 
268
COMPARTIDOS
En algún lugar de Inglaterra, lejos, muy lejos, de las sofocantes selvas de la Amazonia donde los indígenas huitotos lo veneraban como el mejor de los hombres blancos, ‘sir’ Roger Casement fue enterrado sin lápida ni cruz con la intención de borrar cualquier recuerdo suyo para siempre.
Las razones de la Corona británica eran poderosas. Para esta, Casement era un traidor independentista y, por si fuera poco, un “promiscuo y homosexual”, según enfatizaban las autoridades de la época. Por eso fue condenado a muerte. Lo ahorcaron en la prisión de Pentonville, en Londres, el 3 de agosto de 1916.

El martes pasado, un grupo de indígenas de esta etnia provenientes del Putumayo se reunió con el presidente de Irlanda, Michael D. Higgins, en un exclusivo hotel del norte de Bogotá, para agradecerle de corazón ya que, según recordaron, si Casement no hubiera sido el valiente que se la jugó por ellos, por allá en 1910, habrían sido exterminados sin contemplación.
El presidente Higgins se emocionó. No solo por el testimonio, sino porque para él también Casement forma parte de la historia de Irlanda. En 1965, cuando por fin el Gobierno británico autorizó la repatriación de su cadáver, fue llevado en un avión militar y su féretro expuesto durante cuatro días en capilla, adonde acudió una romería para despedirlo como héroe. Allí, en el cementerio de Glasnevin, en Dublín, reposan sus restos.
‘El sueño del celta’
Casement había nacido en Sandycove, cerca de esta capital, el primero de septiembre de 1864. Y aunque su nombre y su vida son desconocidos para la gran mayoría de colombianos, fue una figura trascendental. Sacó a la luz los violentos métodos de las compañías londinenses mientras amasaban sus fortunas en lugares tan apartados como el Congo, en África, o el Putumayo, en Colombia. Su biografía es materia de estudio y sirvió de inspiración para el premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa, quien lo hizo protagonista de ‘El sueño del celta’.
En esta novela, Vargas Llosa recrea las pesadillas de Casement al conocer el drama de los nativos durante la ‘fiebre del caucho’, un periodo que arrancó en Colombia en 1879. Ese año llegaron los colonizadores a enriquecerse, arrasar selvas y segar miles de vidas en su intento por satisfacer el apetito de las urbes europeas y estadounidenses provocado por la naciente industria automotriz.
Irrumpieron con la misma barbarie usada en Perú, Ecuador y Brasil, donde también se daban silvestres los árboles de caucho de los que se extraía el látex, materia prima para las llantas y otras partes de los vehículos. Allá también fueron autores de genocidios vergonzosos y levantaron ciudades que en su momento fueron símbolos de prosperidad, como Iquitos, Belem y Manaos.
Toda esta historia, sin embargo, no es tan conocida en nuestro país. Como ha sido siempre, para la gran mayoría es indiferente lo que ocurra en esas vastas tierras de la cordillera Oriental hacia el sur, selva adentro. Las pocas veces que han sido puestas bajo el foco de la atención han sido por el arte. La más reciente muestra la dio Ciro Guerra, quien se internó con su cámara y en su relato cinematográfico ‘El abrazo de la serpiente’ mostró una faceta de ese encuentro entre el hombre blanco y los nativos. Muchos años atrás fue José Eustasio Rivera quien, en la primera línea de su novela ‘La vorágine’, sintetizó la tragedia: “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia”.
La obra de Rivera habla de la Casa Arana, el escenario del horror que desvelaba a Casement. Él era un humanista que desde muy joven se movía como pez en el agua entre las letras y la política. A los 19 años, por ejemplo, ya había viajado a África, donde fue nombrado cónsul británico, y trabó amistad con el marinero Joseph Conrad. Ambos, cuenta la historia, compartieron una cabaña. Los relatos de Casement le sirvieron de inspiración a su contertulio para escribir ‘El corazón de las tinieblas’.
Allí, en el Congo, Casement, en su condición de cónsul británico, obtuvo reputación por sus informes sobre la brutal represión, cercana al esclavismo, en la explotación cauchera por la empresa del rey Leopoldo II de Bélgica. Por esto, tiempo después fue nombrado cónsul en São Paulo (Brasil) y comisionado para venir hasta La Chorrera (hoy departamento de Amazonas) para verificar las denuncias de violaciones de derechos humanos por la Peruvian Amazon Company. Si bien era una empresa dirigida por el peruano Julio César Arana, Casement tenía licencia para auditarla porque esta tenía su sede en Londres.
Vargas Llosa se pregunta si Casement había ido en persona adonde se escenificaba semejante infierno. “¿Habría estado allá, en el Putumayo, en la gigantesca región donde operaba la compañía de Julio C. Arana? ¿Se habría ido a meter él mismo en la boca del lobo?”. En ‘El sueño del celta’ responde: “Cerró los ojos y vio la inmensa región, dividida en estaciones, las principales de las cuales eran La Chorrera y El Encanto, cada una de ellas con su jefe. O, mejor dicho, su monstruo. Eso y solo eso podían ser gentes como Víctor Macedo y Miguel Loaysa, por ejemplo”.
¿Por qué el calificativo? Por la brutalidad para quien no cumpliera con las cuotas exigidas. En 1903, “cerca de ochocientos ocaimas llegaron a La Chorrera a entregar las canastas con las bolas de caucho recogido en los bosques”, de los cuales, relata el premio nobel, separaron a 25 “porque no habían traído la cuota mínima de jebe –látex o caucho– a que estaban obligados”. Luego, dice el relato, exigieron a sus capataces envolver a los nativos en “costales empapados de petróleo. Entonces les prendieron fuego. Dando alaridos, convertidos en antorchas humanas, algunos consiguieron apagar las llamas revolcándose sobre la tierra, pero quedaron con terribles quemaduras. Los que se arrojaron al río como bólidos llameantes se ahogaron”. Los heridos fueron muertos a balazos. “Cada vez que evocaba aquella escena, Roger sentía vértigo”, dice la novela.
Casement sabía que “los administradores hacían aquello como escarmiento, pero también por diversión. Les gustaba. Hacer sufrir, rivalizar en crueldades, era un vicio que habían contraído de tanto practicar las flagelaciones, los golpes, las torturas”.
Escándalos del Putumayo
Un siglo después, en octubre del 2012, Marcelo Buinaje, un cacique huitoto de la comunidad de La Chorrera, relató lo que ocurrió durante esa época en un artículo en EL TIEMPO. Esa explotación del caucho fue una “masacre. Fueron más de 80.000 los indígenas asesinados durante la explotación del caucho” en menos de 20 años.
¿Cómo pudo ser que asesinaran cada día durante tanto tiempo a por los menos diez indígenas colombianos y en la capital nadie reaccionara? Para los nativos, tristemente, no quedó siquiera un cementerio que dé cuenta de lo que ocurrió. Sin embargo, de acuerdo con el relato de Buinaje, hay noches, especialmente en las de tormenta, en las que, en medio de la selva, se escuchan extraños gritos y el llanto de hombres y niños.
Ese fue el dolor que conmovió al irlandés. Escribe Vargas Llosa: “En el Putumayo corre mucha sangre. La gente termina por acostumbrarse. Allá la vida es matar y morir”.
Era 1910 cuando Casement llegó al Putumayo. Tomó nota de lo que ocurría y con una narración impecable y de excelente cronista para fijarse hasta en los mínimos detalles, elaboró el informe conocido como ‘Libro azul del Putumayo’, texto que, como ocurrió con el informe del Congo, causó vergüenza: se exterminaba a poblaciones nativas para arrebatarles su riqueza.
Por eso, los huitotos lo consideran un héroe. Para esta y otras comunidades indígenas de la región, Casement representa lo que para los demás colombianos el Libertador Simón Bolívar. Sus denuncias sirvieron para parar ese horror y mostrar la fuerza de las instituciones de la Gran Bretaña, donde se inclinaron ante la honestidad de su cónsul. Sin embargo, este afecto duró poco porque él se sumó a la causa nacionalista irlandesa.
En Colombia, su impacto fue enorme. La divulgación de los llamados ‘Escándalos del Putumayo’ hizo voltear la mirada a una región que entonces era considerada tierra de nadie y donde no había una claridad siquiera de cuáles eran las fronteras. Esta situación tuvo su desenlace en la guerra con el Perú (1932-1934), país al que había regresado Arana y donde murió, sin haber pagado cárcel, de muerte natural y con el aura de una gran figura para muchos nacionalistas.
El genocidio contra los huitotos fue, posteriormente, recogido en otras investigaciones como la hecha por el Centro de Memoria Histórica, en dos volúmenes, titulada ‘Putumayo: la vorágine de las caucherías’. En esta se recoge el testimonio de un indígena de nombre Marcelo Huitoto: “Estando en el Cuemañi, llegaban frecuentemente a donde vivíamos muchos indios de los de mi tribu que venían huidos del Putumayo, y me contaron que se habían venido porque los empleados de la Casa Arana los trataban muy mal y no les pagaban nada, que los extendían en el suelo, boca abajo, les amarraban cada pie y cada mano a una estaca y les daban azotes con un látigo grueso, hecho de cuero de danta, hasta dejarles casi los huesos en descubierto, y en este estado les echaban aguasal caliente. A los que morían de los azotes les echaban petróleo y les prendían fuego”.
El dolor del cónsul
Pero ¿por qué los indígenas aceptaron esto? José Eustasio Rivera lo cuenta en ‘La vorágine’. Describe la figura del “patrón” que trabajaba para la Casa Arana, quien a su vez podía delegar en otro “patrón” y así sucesivamente, hasta que llegaban a la base, que eran los indígenas. Ellos tenían otra noción del comercio basada en el trueque, y a punta de baratijas los enganchaban hasta hacerlos suyos en su sistema de esclavitud.
“Cuando la bola de caucho que traían del trabajo les parecía pequeña a los empleados encargados de recibirla, les daban tres azotes tan fuertes que de cada uno les hacían saltar del cuerpo los pedazos de carne”, describe Marcelo Huitoto.
En su informe, Casement cuenta que la sumisión de los indígenas llegó al extremo de que cuando entregaban el látex y veían que la aguja de la balanza no marcaba los 10 kilogramos, él mismo estiraba las manos y se extendía en el suelo para recibir el castigo. “Entonces, el jefe o un subordinado avanza, se inclina, coge al indígena por su cabello, lo golpea, levanta su cabeza, la tira contra el suelo, y luego de que su cara ha sido golpeada, pateada y cubierta de sangre, lo azota”.
Los nativos cuentan que llegaron a odiar su propia selva por haberles dado esos árboles que sangraban ese caucho. La selva es vasta, profunda. ¿Por qué no escapar? Porque eran cazados como animales. “Si los fugitivos eran capturados, eran torturados hasta darles muerte mediante los brutales azotes, ya que la fuga era considerada una ofensa capital. Se organizaban expediciones cuidadosamente planeadas para seguir la pista y recuperar a los fugitivos por más lejanos que se encontraran”, detalló el irlandés.
Pero ¿es posible que toda esta crueldad, este exterminio, haya ocurrido sin que el Gobierno Nacional lo supiera? “La noticia la sabían, por supuesto, pero todos pasaban de agache porque a nadie le importaba la Amazonia, menos los indígenas”, dice el historiador y profesor de la Universidad Nacional Fabio Zambrano. “Por eso es tan importante reivindicar hoy la figura de Casement”. Un hombre épico que denunció la explotación del colonialismo en África y América.
Antes de marcharse de Colombia, cuando revisaba los informes de lo que aquí vio, escribió: “Estos diarios me siguen poniendo enfermo, literalmente enfermo cada vez que los releo, y vuelve a surgir ante mis ojos esa selva infernal y toda aquella gente sufriendo”.
Fue tal el impacto que dejó en la conciencia de la gente que el poeta irlandés W. B. Yeats escribió: “El fantasma de Roger Casement / está golpeando la puerta”.
Este horror que escribió y fotografió Casement ocurrió aquí, en Colombia, en territorios donde crecen silvestres plantas que se han convertido en su perdición. Luego del caucho se descubrió otra planta, la coca, que llegó con una nueva violencia. Pero esa es otra historia.
ARMANDO NEIRA
Redactor de EL TIEMPO
@armandoneira