lunes, julio 25, 2016

#desmovilización #reincidencia #Violencia #Postconflcto #reintegración

 | 2016/07/23 00:00  en http://www.semana.com/nacion/articulo/posconflicto-enzo-nussio-habla-de-excombatientes-que-reinciden/482977 

“¿Por qué tantos excombatientes han recaído en el crimen?”: Enzo Nussio

El experto en paz de la universidad ETH de Zúrich acaba de publicar, junto a Oliver Kaplan, de la Universidad de Denver, uno de los estudios más completos sobre reincidencia de excombatientes en Colombia.
 Enzo Nussio investigó por seis años en la Universidad Nacional y la Universidad de los Andes. Tiene un libro sobre reintegración de excombatientes y más de diez artículos científicos sobre el tema.
SEMANA: Entre 2003 y 2012, en Colombia se desmovilizaron 55.000 combatientes de grupos ilegales. ¿Cuántos recayeron?
ENZO NUSSIO: Las cifras oficiales muestran que 20 por ciento había reincidido hasta 2012. Cálculos más recientes de la Fundación Ideas para la Paz indican que hasta 2014 la tasa se elevó a 24 por ciento. Esta última ha vuelto a aumentar, y en la realidad debe ser más alta dado el subregistro.
SEMANA: Eso quiere decir que uno de cada cuatro excombatientes ha reincidido…
E.N.: Sí. Pero, a la vez, significa que la gran mayoría ha permanecido en la legalidad.
SEMANA: Desde los años ochenta hasta hoy ha habido 60 procesos de desmovilización, de los cuales han resultado 1 millón de excombatientes. ¿La tasa de reincidencia en Colombia es normal?
E.N.: Siempre habrá reincidencia. Pero es difícil comparar los datos de Colombia, puesto que en la mayoría de los procesos los países han sido incapaces de medir la reincidencia. Por su alto nivel de desarrollo, comparado con otros países con desmovilización, Colombia también tiene la capacidad de rastrear este fenómeno, mientras otros no. Ahora bien, por esta misma razón decir que las tasas de reincidencia en Colombia son “normales” no es posible.
SEMANA: Un resultado llamativo de su estudio es que un exparamilitar tiende más a reincidir que un guerrillero. ¿Por qué?
E.N.: Veo dos explicaciones. Una tiene que ver con la modalidad de la desmovilización. De la guerrilla, hasta ahora, solo ha habido desmovilizados individuales. La mayor parte son desertores que probablemente quisieron regresar. En cambio, los paramilitares se desmovilizaron colectivamente. Muchos respetaron la decisión de sus líderes, pero luego reincidieron.
SEMANA: ¿Cuál es la segunda explicación?
E.N.: Que los paramilitares estuvieron involucrados en actividades criminales en mayor medida que los guerrilleros. La violencia fue más esencial en la vida paramilitar, y esto requirió una disposición psicológica distinta.
SEMANA: Precisamente de ahí surge un hallazgo novedoso de su estudio: que un factor de la reincidencia es el gusto de algunas personas por la violencia. Explique.
E.N.: Hay muchas motivaciones personales que llevan a alguien a un grupo armado ilegal: el dinero, la ideología, la venganza… Pero hay una que suele ser ignorada: el gusto o la fuerte atracción que algunos sienten por la vida militar o las actividades riesgosas. A lo largo de la vida, esta atracción es en general más elevada entre los 15 y 30 años. Eso explica por qué la mayoría de quienes entran al crimen lo hacen entre esas edades. Pero en algunas personas esa característica es dominante y perdura.
SEMANA: ¿También en Colombia?
E.N.: Sí, como en cualquier otra sociedad. En Colombia lo que hallamos es que es más dada a reincidir una persona que se unió a un grupo porque encontró placer en la vida de combatiente, o porque se sintió empoderada al cargar un arma, o porque ganó reputación mediante ese grupo. En otras palabras: la atracción al estilo de vida violento puede seguir activa tras la desmovilización.
SEMANA: En vista de lo que se viene con las Farc, la conclusión de que hay rasgos personales difíciles de cambiar podría justificar el pesimismo de algunos sectores.
E.N.: Hablamos de una minoría. Son pocos los excombatientes que han demostrado tener ese rasgo de personalidad de manera dominante. Entonces no creo que el problema sea tan grave. Pero sí significa que aquellos que lo tienen serán difíciles de manejar.
SEMANA: Otros países ya han tenido que lidiar con personalidades procaces a la violencia. ¿Qué fórmulas han aplicado?
E.N.: Hay atención psicosocial, pero no creo que sirva de mucho para estos casos duros. Lo que sí se ha visto es que los años influyen y reducen esos impulsos dominantes. Con el tiempo, los humanos perdemos la atracción por el riesgo.
SEMANA: Con el tiempo también aparece la familia. ¿Qué rol tienen una compañera sentimental o los hijos en la vida de un excombatiente?
E.N.: Un rol decisivo. Hasta hoy la academia había manejado dos visiones. Por un lado se supone que la familia mantiene a un excombatiente fuera del delito. Pero, por otro lado, algunos insisten en que la familia puede empujar a un excombatiente a volver al delito. En nuestro estudio concluimos, con una base estadística sólida, que la primera teoría es la que más corresponde a la realidad. En Colombia, la familia ha sido un ancla que ha logrado reducir la reincidencia.
SEMANA: Hasta 2012, más de 3.000 desmovilizados fueron asesinados. ¿Qué expresa esa cifra?
E.N.: Es un número demasiado grande. Y lo triste es que quien piense que ‘eso fue por algo’ puede llegar a tener razón. Gran parte de los homicidios se han producido porque los propios excombatientes reincidieron y terminaron en actividades ilegales.
SEMANA: Los esfuerzos por la desmovilización en Colombia llevan más de una década. Si lo compara con Bosnia, Sudáfrica, Filipinas, Congo y Afganistán, ¿cómo ve al país?
E.N.: Las Naciones Unidas definen la reintegración como un proceso primordialmente económico y social. En ese sentido, tras diez años, el aprendizaje debe ser grande porque la experiencia no ha sido ideal. Tomemos el proceso con las AUC, el más importante en el país. Hubo mucha improvisación, pues se desmovilizaron 30.000 paramilitares y nadie, salvo Medellín, estaba preparado. Además, terminó cuestionado por cuenta de falsos desmovilizados, de armas escondidas y del surgimiento de nuevas estructuras.
SEMANA: ¿Qué balance hace de la Agencia Colombiana de Reintegración (ACR), que nació precisamente hace diez años?
E.N.: La experiencia ha permitido aprendizajes, y por eso hoy la ACR es uno de los programas de reintegración más desarrollados del mundo. Además, es un logro haber podido ejecutarlo en medio del conflicto. Sobre todo con la seguridad democrática de Uribe, que lo mantuvo aislado de políticas de construcción de paz. Las cosas han mejorado, pero falta. Falta integrar mejor a la ACR en un plan más amplio de construcción de paz que abarque todas las instituciones relevantes para este tema.
SEMANA: Más allá de la ACR, ¿dónde más ha fallado el Estado para evitar la reincidencia?
E.N.: Un programa de reintegración no lo puede todo. Hay demasiados factores difíciles de manipular. Es tan difícil manipular una personalidad, como lo es cambiar las estructuras del Estado. Hay que entender la lógica de la reintegración teniendo en cuenta cuánto influye en ella lo que sucede en el país. En un contexto de crimen generalizado como el colombiano hay que saber que, pase lo que pase, por ahora siempre habrá oportunidades para que un excombatiente recaiga en el crimen. Repito: Colombia necesita políticas de reintegración que vayan de la mano con los esfuerzos por construir la paz.
SEMANA: Ahora que se viene la implementación de los acuerdos con las Farc, ¿qué lecciones hay que aplicar para reducir la reincidencia?
E.N.: Lo primero es ser realistas, no tener expectativas demasiado altas y saber que así como habrá disidencias, también habrá reincidencias. Este es un llamado al realismo. Y lo segundo, y quizá más importante, es que hay que ser conscientes de que no le podemos pedir milagros a un programa de reintegración. Un programa de estos debe ser parte de un andamiaje más grande que permita materializar la paz. Eso fue justamente lo que no se dio en el pasado y no hizo favorable el proceso con AUC.
SEMANA: ¿Ve a las Farc preparadas?
E.N.: Podemos ser un poco optimistas, pues las condiciones serán mejores, y la guerrilla estará más interesada en contribuir a la reintegración. Además, la participación política puede ser un factor de anclaje adicional que no existió en el caso de las AUC.
SEMANA: Usted vivió seis años en Colombia e investigó en la Universidad Nacional y la Universidad de los Andes. ¿Cómo ve la investigación académica de cara al posconflicto?
E.N.: En Colombia hay un nivel muy alto. Pero falta salir de la mera crítica y acompañar más lo que el Estado pone en práctica. También siento que se necesita una visión comparada. Por último, diría que podría haber más colaboración entre profesores e investigadores, lo cual es difícil dada la estructura fragmentada de la educación superior. Esto no siempre le permite al conocimiento fluir como debería.

viernes, julio 01, 2016

De la madre de Camilo // De la madre de Camilo Torres

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/torres_camilo_2.htm
Cuando él se dio cuenta de que los curas lo que hacían era explotar al pueblo, en lugar de ayudarlo... con grandes fundos y que la gente del pueblo no podía tener ni siquiera, aunque tuvieran unas gallinitas, ni siquiera podían comerse un huevo, porque tenían que ir a pagar a los curas, para que le hicieran la misa al difunto, como le dicen allá, porque si no se condenaba el difunto... entonces no comían. Y los niños chiquitos trabajando y muriéndose de hambre. Era al punto en que ni siquiera los enterraban. A los chiquitos los votaban a los potreros... muertos, porque no los podían enterrar... no tenían con qué... de modo que... él no entraba por esas cosas.

Porque la religión católica estaba dañando lo que Cristo hizo. Si estaba representando al primer revolucionario del mundo, a un niño que nació en Belén, que andaba descalzo, que se llevó a sus pescadores con él... que predicaba la caridad, que predicaba todo eso... ¿por qué los curas, entonces, hacían otra cosa diferente? Debían haber seguido los pasos de Cristo, y por eso él, resolvió seguir los pasos de Cristo.

A Camilo lo vi por última vez en octubre [de 1965]. Esa noche me dijo él, a la hora de la comida: “mamita, esta noche no vengo a quedarme aquí”. A mí no me pareció raro y el corazón no me avisó... dicen que el corazón de una madre avisa... no me avisó nada. Como siempre, cuando él se iba, me daba a mí la bendición y un beso... y yo también le daba un beso y la bendición; siempre que salía él de casa o que nos íbamos a acostar, nos despedíamos así; entonces, yo me despedí de él y... ya no lo volví a ver. Fue cuando empezaron a llamar, a preguntarme por él; a preguntar dónde estaba Camilo y como yo no sabía; yo creí que Camilo se había ido a descansar, porque estaba muy fatigado.

Cuando empezaron a amenazarme con anónimos... que me iban a matar... porque si me mataban, Camilo aparecía. Entonces, recibí un papelito de él, en el que me dice: “yo estoy bien, pero para tu tranquilidad y la mía, debes salir inmediatamente del país, debes salir de incógnita. Los amigos te buscarán todas las conexiones”. Y entonces eso lo recibí el último día de octubre. Y el dos de noviembre, salí de incógnita, salí para París. Y llegué y me encontré sin ninguna conexión. Esto fue terrible; porque no tenía conexión ninguna ni sabía nada ni de Camilo ni de nada. Entonces, yo supe después que Camilo lo que quería era mandarme a Cuba. Pero lo supe después de muerto Camilo... que la idea de él era mandarme a Cuba; que si me lo hubieran dicho... yo hablo francés, hubiera llegado y me hago conducir en París a la Embajada de Cuba y hubiera recibido la noticia de la muerte de Camilo aquí... hubiera sido muy diferente de como tuve que recibirla...

Fue la última vez que lo vi... hace seis años.


La vida de Camilo como guerrillero... bueno, él era muy esforzado, tenía mucha fuerza, a él le querían decir comandante y no se dejó decir nunca comandante. Dijo: “no, eso se gana, yo soy un soldado raso, como cualquiera”. Y entonces él hacía sus noches de guardia. No permitía que los que iban con él usaran linternas y, decía, “se acostumbrarán, porque las linternas nos venden”.

Una vez lo pusieron -él era muy buen cocinero en la casa-, pero un día consiguieron carne y lo pusieron a asar un poco de carne... y se le quemó la carne. Se quedaron sin carne. Entonces se fue, cogió su rifle, se fue, y mató un marrano silvestre... y se lo cargó a las espaldas. Y todos le decían: “comandante, le ayudamos a llevar...”, “no, no, yo lo llevo; les quite la carne, pero ya verán lo que les preparo”.

Y llegó con su marrano, lo peló, lo arregló y dicen que les dio un asado estupendo de marrano. Y él no dejaba que le hicieran nada, ni que le lavaran un plato ni nada, y parece que cuando iban los otros cansados, entonces él les ayudaba en cuanto podía.

Dicen que entre las raíces, de golpe se caía. “¿Se cayó comandante?”, “No, me estoy parando”... y era que se estaba cayendo. Él no quiso por nada que le dijeran comandante...eso se gana.

Luego, parece que fue un denuncio, una emboscada que le hicieron. Sabían dónde estaba, y le hicieron la emboscada. Lo vendieron, lo traicionaron. Por eso lo cogieron; sino, tal vez no lo hubieran matado. Y como no quiso ir a la retaguardia -porque Fabio quiso que fuera a la retaguardia-, y él le dijo: “no, yo voy a la vanguardia, porque yo soy un soldado raso, voy a la vanguardia...y para que no vaya a la vanguardia, o me tienes que amarrar, o me tienes que matar”, le dijo a Fabio, “pero yo me voy a la vanguardia”... claro, fue el primero que cayó, cayeron cinco, y entre los cinco cayó Camilo.

Nadie sabe cómo, al fin y al cabo, hay tantas versiones sobre el modo en el que él cayó... algunas personas dicen que él se volvió, que había un soldado herido y que se volvió a protegerlo; a darle la absolución o alguna cosa de esas. Algunas personas dicen esto: que ese lo mató. Otras personas dicen que fue directamente que le dieron el tiro.

Lo que es verdad es que Camilo, el cadáver, no apareció, nunca ha aparecido el cadáver de Camilo. No se sabe en dónde está; porque aparecieron los cadáveres, los cinco cadáveres de los que iban adelante, aparecieron... el de Camilo no ha aparecido nunca. Por lo menos, o lo recogieron los guerrilleros, o lo recogió el ejército... eso yo no sé. Pero nunca me han entregado los restos, ni han dicho dónde está el cadáver.

Él me alcanzó a escribir, porque yo alcance a mandarle a él una carta para su cumpleaños todavía, que fue el 3 de febrero; le escribí para su cumpleaños... y alcanzó a contestarme esa carta. Y me dice que está bien, que no me preocupe, que todo va muy bien. Y luego me mandó la última Proclama, también la alcance a recibir, antes de recibir la noticia de la muerte. Pero yo estaba, ya se imaginaran, esperando constantemente, que me dieran la noticia de la muerte de él, porque era lo que él decía: “a la guerrilla se va a vencer o a morir; así es que no se va a jugar”.

Lo mataron demasiado pronto, desgraciadamente, habría podido, tal vez, hacer más... pero bueno, para mí no está muerto. Para mí -yo tengo la idea-, que ha hecho más después de muerto que estando vivo; porque ahora todo el mundo habla de él y todo el mundo se preocupa por las ideas de él... y, además, como decía yo, el cardenal mató a Camilo con un cuchillo de dos filos; con uno mató a Camilo, pero con el otro acabó con la religión católica... porque Camilo le hizo mucho mal a la religión católica.



(Fuente presumibleEntrevista de Isabel Restrepo, la madre de Camilo Torres Restrepo, el Cura guerrillero, concedida a Radio Habana, el 18 de febrero de 1972

viernes, mayo 06, 2016

una ciudad más humana para la gente, que no sea todo para el gran negocio

Domingo 17 de Abril de 2016 - 02:58 PM

A los dirigentes actuales “les falta mucho pelo para el moño”

El ex alcalde Jairo Arango entrevista al ex alcalde Juan Guillermo Ángel
Lo que empieza como una reflexión sobre la planeación y el desarrollo urbano de Pereira, se convierte en una interesante reflexión sobre la ciudad de hoy.
Jairo Arango Gaviria: Hay una controversia sobre la falta de planificación en el desarrollo de la ciudad. ¿Piensa usted que Pereira ha crecido con planeación?
Juan Guillermo Ángel: La ciudad es una estructura viviente y por lo tanto, si desea sobrevivir, debe acomodarse no solo a la topografía sino y muy particularmente a su razón de ser, al ciudadano que interactúa con ella y le comunica ese elemento maravilloso de la vida. Una parte de la ciudad ha crecido como resultado de un proceso planificado; como ejemplo se puede mencionar al Plan Vial de emergencia Pereira 1954 de Mendoza y Olarte, con el cual se planificaron las primeras vías que trataban de interconectar lo que aisladamente se había construido de manera espontánea y, por otro lado, está la parte que creció sin planificación, sin programación, de manera irregular y sin legislación, casi ilegalmente diría yo. Está por ejemplo, lo que se llama Parque Industrial, el cual debió haber sido el sector donde se asentaría la industria de Pereira pero, lamentablemente, quienes desarrollaron el proyecto nunca tuvieron la intención de montar el parque industrial, esto solo fue una manera de justificar un proyecto de vivienda  realmente grande e importante de la ciudad de Pereira, pero que no cumplía con ninguno de los propósitos por los cuales fue diseñado. 
J.A. ¿Qué opina sobre la renovación urbana con el proyecto de Ciudad Victoria?
J.G.A.:Fue el embellecimiento de un sector que no era muy bonito, aunque desde el punto de vista urbanístico no fue muy afortunado. La Galería era la bisagra en donde el campo y la ciudad se juntaban. Para el año 1984, se sostenía el concepto de reconocer la vocación de galería que tiene el centro de mercado de alimentos de la ciudad, ya que se entendía que era “el Unicentro de los campesinos”, donde se desarrollaba el más complejo nivel de intercambio, allá llegaban los campesinos y podían vender sus productos e, igualmente, comprar lo que necesitaban; ese mismo año se brindó el apoyo para la remodelación del lugar, invirtiendo en la ampliación que recuperara el espacio vital necesario sin perder las ventajas económicas que se desprendían de esa tradición. Lamentablemente, en los años posteriores se prefirió adoptar el concepto que refiere a la renovación urbana a partir de la reubicación y desalojo de la galería de la ciudad, para esconderla y así lograr que no se deteriore mas el espacio valioso del centro;por tal motivo la derrumbaron para reemplazarla por la plaza de Ciudad Victoria, la que actualmente no tiene mucha utilidad y que, por el contrario, se convierte en un  desierto que da  terror transitar en horas de la noche.
 A pesar de que no compartí esa renovación, porque hubiera sido deseable mantener parte de ese espacio que necesitaban los 600 microempresarios – al igual que campesinos- de la región de todas las categorías y condiciones y no  habérselo entregado a las grandes empresas, debo reconocer que fue un esfuerzo interesante, bien hecho y por lo menos honesto.
 J.A. ¿Qué consecuencias produjo esta renovación?
J.G.A.: Mandaron la galería para un sitio inadecuado, y lo que antes era el mercado concentrado se convirtió en un desorden de carretas móviles de venta de productos de la canasta familiar por el resto de la ciudad. 
J.A. ¿Cómo fue el proceso del traslado de los vendedores del Parque La Libertad hacia donde hoy están concentrados: llamado San Andresito?
J.G.A.:Ese proceso fue el rescate de un parque de la ciudad, porque los espacios públicos no se pueden entregar de esa manera, por lo tanto lo que hicimos fue cumplir con una de las cuatro reglas de los Totocanipáes: “Hacer lo más que se puede con lo que se tiene”.
 El parque de la Libertad era uno de los íconos de la ciudad, se planificó junto a los tres parques centrales. Había que rescatarlo porque estaba invadido de negocios informales y algunos ilegales, aún así eran actividades que ya se habían acomodado dentro de la estructura social y económica de la ciudad, por lo tanto lo que hicimos fue moverlos a un edificio donde no generaran el impacto que estaban produciendo.
 J.A. ¿Cuáles fueron los logros y deficiencias generadas de esta reinstalación?
J.G.A.: Nos faltó haber construido mayores estacionamientos pero, para aquella época, la movilidad era distinta de la hoy en día, si acaso había un vehículo por familia. De manera que, a pesar de no acertar 100%, hubo avances importantes como la recuperación de un parque importante, la formalización de un comercio vinculándolo a la actividad económica de la ciudad que, de hecho, nos dejó utilidad, porque el municipio no gastó dinero, esos puestos se vendieron, de modo que no hubo que gastar para recuperar espacio público, fue un ejercicio afortunado.
 J.A. ¿Cuál es el concepto de gestión financiera respecto a la valorización?
J.G.A.: La valorización es un instrumento válido y serio cuando se ejecuta con el propósito por el cual fue creado y cumpliendo con la normatividad del mismo.
Se entiende ésta como un instrumento por medio del cual el estado puede recuperar parte de la plusvalía que se genera como resultado de una obra, se debe ver como una contribución. Valorizar es construir un puente para que una tierra que estaba al otro lado de un río adquiera un precio, construir una vía que permita acercar un sector al otro o, inclusive, construir un parque que valorice las tierras de alrededor.
En la actualidad se inventaron las obras de beneficio general y las valorizaciones de servicio general, lo que ocasionan es que la valorización sea tomada como un impuesto más; el suelo urbano crece de precio por varias razones, primero porque la moneda se va depreciando, segundo porque el perímetro urbano va creciendo y en la medida que crece el perímetro urbano va incrementando el valor de ciertos sectores de la ciudad, pero en realidad eso no es la valorización. 
J.A. ¿Recuerda obras exitosas hechas anteriormente por el sistema de valorización?  
J.G.A.: Por valorización se han logrado hacer varias obras, como la pavimentación de muchos de los barrios de Pereira; por ejemplo, la pavimentación del barrio Alfonso López, que era un barrio prácticamente inaccesible, cuando llovía los carros se movían, era un desastre y un polvero imposible. Cuando la decretaron por valorización los vecinos se reunieron a oponerse pero, en ese tiempo, yo era el encargado y hablé con ellos llegando a acuerdos; se logró pavimentar las dos vías principales, aunque una de ellas fue una obra fracaso para los contratistas porque hubo un invierno terrible y perdieron dinero. Después de esto, el barrio adquirió valor mejorando la forma de vida. Como esa, hicimos muchas pavimentaciones, inclusive rescatando cobros de valorización que se habían hecho en el pasado pero que no hicieron la obra, devolviendo el prestigio a la valorización. Yo le puedo decir otras obras que se hicieron con ese mismo principio, pero lo más evidente fue haber logrado llevarle a los barrios que tenían capacidad de pago, la dignidad a través del proceso de valorización. 
J.A. ¿Qué problema acarrea la valorización?
  J.G.A. El principal problema de la valorización es cobrarle a la gente por su vivienda cuando es para habitarla únicamente. Ese cobro es correcto si se tiene negocio en la vivienda y se hace una obra, porque ese predio adquiere un mayor valor, pero es insólito cuando usted vive allí y no se tiene intención de vender. Nosotros inventamos un instrumento que era muy sencillo para las personas sin capacidad de pago, el cual consistía en no cobrarle valorización mientras que se estuviera viviendo allí, pero si se vendía, entonces pagaba la valorización. Así se convertía en una contribución justa porque no puede ser un instrumento para exprimir a la gente.
 J.A. ¿Qué opina de las Alianzas Público-Privadas (APP)?
J.G.A.: Las APP son una estrategia del gobierno para que alguien haga lo que a él le corresponde y a cambio de eso se le da la posibilidad de que se enriquezca. En pocas palabras, es un instrumento de plusvalía injustificado de muchos sectores.
En lo referente a los servicios públicos, se están aplicando mucho las APP, que han tenido unos ciclos bien curiosos, no solo en Colombia o en Pereira sino en el mundo. Inicialmente, todos los servicios públicos (energía, acueducto, comunicaciones) los prestaba el sector privado; pero en la medida que las concesiones iban llegando al periodo pactado, el privado dejaba de hacer mantenimiento dejando de invertir, esto conllevó a volver todos los servicios al carácter de públicos, pero el estado también empieza a fracasar en el manejo y ahora estamos volviendo a entregárselos al sector privado. 
J.A. ¿Cuándo es necesario aplicar las APP?
 J.G.A.:En lo personal, no soy muy amigo de las APP, a no ser que sean obras que definitivamente se requieran con urgencia y el estado no pueda ejecutarlas. Por ejemplo, en el sector salud, la Liga Contra el Cáncer solicitó permiso para hacer una ampliación de las instalaciones para instalar una máquina de nueva tecnología que tenían y les respondieron que no la autorizaban porque debían construir 60 estacionamientos y no había cómo invertir. Es la misma necesidad del Hospital San Jorge, ya que no cuenta con estacionamientos. Es allí donde considero apropiada una alianza público-privada para construir unos parqueaderos subterráneos frente al Parque Gaitán y así no cometer la barbaridad de trasladar un servicio de salud a 10 o 15 kilómetros de distancia, que es lo que pretenden hacer ahora, a una vía que tiene solo un acceso y donde, en la eventualidad de un accidente, se bloquearía totalmente la entrada. Mejor sería construir los estacionamientos en el parque, permitiéndoles realizar ampliaciones y dejando centrado un hospital que es de uso de toda la población. 
J.A. ¿Cómo era la integración de Risaralda con Caldas?
 J.G.A.: Nosotros no participábamos de una integración, éramos súbditos, dependíamos de la capital de Caldas que desgraciadamente fue muy centralista, lo que destruyó la posibilidad de que Risaralda hubiera podido ser uno de los departamentos modelo del país, ya que teníamos una participación del Producto Interno Bruto de la nación por encima de los promedios, pero todo fue obstruido por culpa del centralismo. El discurso de mi padre, quien fue uno de los gestores del departamento de Risaralda, era separarnos para que después nos pudiéramos unir y hacer proyectos en conjunto, pero mientras dependiéramos de uno solo, eso sería un imposible. 
 J.A.: ¿Con quién considera que debería ser la integración de Risaralda?
J.G.A.:Teniendo en cuenta que el Plan de Ordenamiento Territorial está obsoleto, ya que aún referencia que Pereira solo llega hasta el Rio Otún sin contar con Dosquebradas, Santa Rosa de Cabal, La Virginia y Cartago, que solo se separan de Pereira por unos pocos metros, considero que deberíamos encaminar la integración mirando hacia el entorno completo, trabajando para que cada región pueda desarrollar sus potencialidades al máximo.
El inconveniente con el que nos encontramos es que la ecorregión es muy parecida, debido a las potencialidades de las tres áreas, las cuales en principio eran a partir de la economía del café pero además la del comercio. Hay que recordar que Pereira y Cartago Viejo fueron el núcleo de comunicación, fue la única parte en la que hubo congestión de tránsito entre los conquistadores, toda la gente se movió por aquí, ya que era un paso obligado entre la cordillera, los valles fértiles del Cauca y del Magdalena, de manera que es necesario ampliar el concepto de planificación teniendo presente que somos históricamente parte del Cauca y no de Antioquia, debido a que el límite estaba en el Rio Chinchiná, por lo que dependíamos de manera política, económica, eclesiástica y educativa, de Popayán. El centralismo manizaleño no permitió que Pereira tuviera colegios de bachillerato lo que generó que nos trasladáramos a Popayán o Santa Rosa, de manera que hicimos parte del Cauca Grande y, como tal, tenemos raíces históricas de esta parte sur del país. Igualmente, también tenemos herencia de sangre antioqueña, por lo tanto esa mezcla de la que hablaba Luis Carlos González, de paisas antioqueños, vallunos y tolimenses, es real y constituye una ecorregión mayor de la que estamos pensando, lo que conlleva a la necesidad de una planificación concordante con eso.
 J.A. ¿Cuál es su percepción respecto a los proyectos de integración de Aeropalestina y Tribugá?
 J.G.A.: Considero que son dos barbaridades sin ningún sentido; exponiendo el proyecto de Aeropalestina, lo asimilo como un sentimiento egoísta de 100 o 300 pasajeros de Caldas que viajan frecuentemente a la Capital de la República, y respecto de Tribugá, es un golpe muy fuerte para una ecorregión muy vulnerable, además de la inestabilidad de la cordillera, lo que ocasiona alto riesgo de derrumbes y, por otro lado, Tribugá se encuentra mucho más lejos de Pereira que Buenaventura.
 J.A. Pereira fue creciendo con determinados íconos, el aeropuerto es ejemplo de ello, ¿Cree que el aeropuerto Matecaña está bien ubicado?
 J.G.A: He sostenido toda la vida que podríamos haber tenido un aeropuerto de carácter regional en Cartago ya que está a muy pocos kilómetros de Pereira. Eso nos hubiera permitido tener vuelos mucho más fluidos y que se cerrara menos el aeropuerto, que ya lo tenemos en medio de la ciudad. Existen aeropuertos ubicados en la mitad de la urbe, por ejemplo el de Guatemala que queda a escasos metros de la embajada de Colombia, y otros casos de aeropuertos intraurbanos exitosos, pero siempre tendrán la característica de ser aeropuertos de corto vuelo. Lastimosamente, la administración decidió entregarle el aeropuerto al sector privado. 
J.A. ¿Qué opina sobre los recientes macroproyectos que se plantean en la ciudad?
J.G.A.:Considero que el Parque Ukumarí será un desangre para la ciudad debido a los dineros que se perdieron en los movimientos de tierra y negocios mal hechos. Aún así nos quieren hacer creer que Ukumarí será el gran atractivo para Pereira, pero realmente no tengo fe en que alguna persona vaya a tomar un avión desde Londres a Pereira para ver un miniparque zoológico, cuando existen gigantescos parques zoológicos en el mundo, con los cuales nos tocaría competir.  
J.A. ¿Cuáles son las propuestas que plantea para incentivar el atractivo turístico de la región?
 J.G.A.:Explotar las ventajas que tenemos de carácter mundial como la biodiversidad, ya que esta zona tiene la mayor variedad en aves y flora del mundo, lo que generaría un alto tráfico turístico e inspiraría a que personas de varias partes del mundo, como Japón, Inglaterra, Estados Unidos, visitaran la región para el avistamiento de aves, inclusive actualmente se encuentran muchos extranjeros con cámara mirando aves en la región; lo anterior se podría lograr sin requerir una inversión gigantesca, solo facilitando el transporte, alojamiento, guías turísticos, entre otros puntos sencillos, se podría generar un proyecto de gran impacto para la región, con el valor agregado de gozar de un factor humano realmente especial/ excepcional ya que nuestra gente es amable y acogedora, las fincas campesinas son bellas en su autenticidad y el paisaje es realmente hermoso.
 J.A. ¿Conoce alguno de los estudios de prospectiva que se han realizado en la ciudad?
 J.G.A.:Recuerdo que el primer estudio de prospectiva que conocí referenciaba que el Ingenio Risaralda no podría producir caña de azúcar, pero en la práctica resultó que los rendimientos del Valle de Risaralda son 30 o 40% superiores a los del Valle del Cauca; posteriormente se han realizado varios, pero ninguno funciona. 
J.A. ¿Cuál cree que deba ser  la vocación de Pereira respecto al Plan de Ordenamiento Territorial?
J.G.A: Por estar situado en el centro del país, se puede tomar como un centro de logística. Y exaltar el paisaje cultural cafetero ya que podemos ser un centro turístico que valga la pena.
Igualmente, hay una fuente importante en la parte comercial, ya que contamos con una mano de obra eficiente, como lo están demostrando Roberto Gálvez con su ensambladora de carrocerías y Marcial Navarro con su electrónica; es una ventaja que nos encontremos ubicados en el centro del país, en un cruce de caminos, que nos puede permitir ser un centro de distribución interesante.
 J.A. ¿Qué opina sobre el Paisaje Cultural Cafetero el cual hoy parece que no pasó del enunciado existiendo posibilidades de que se retire la marca?
 J.G.A.:Es posible que se retire la marca porque aunque es perfecta no le hemos brindado el cuidado suficiente. La exigencia es prestarle atención, defenderlo, establecer normatividades, implementar estrategias para que sea apreciado por el turista, por ejemplo implementar hospedajes en las fincas, que le permitan al viajero alojarse de una manera digna y bien atendido por los propios dueños de la casa, pequeños refugios para una o dos noches y, que así, los turistas tengan la posibilidad de disfrutar del paisaje y del ambiente de manera tranquila.
 J.A. ¿Cree que existe doliente del Paisaje Cultural?
 J.G.A.:Tanto en el sector privado como en el público estamos adoleciendo de gente como los que hicieron esta región, a los dirigentes de hoy “les falta mucho pelo pa’l moño”.
 J.A.¿Cuál es su lectura en relación con la planeación en el campo?
J.G.A.: Estamos obligando al cambio del uso del suelo, los prediales hacen que usted no pueda tener una finca, porque el costo de los impuestos sobre la tierra hace que mantener una producción agrícola sea imposible, por lo tanto la única forma es hacer casas, por cuenta de un sistema impositivo retardatario en contra del agricultor y del pequeño campesino. Antes Álvaro Gómez decía que “una finca cafetera era tan productiva como una finca de tulipanes en Holanda”.
Destruimos el café, no le dimos los impulsos que requería, tuvimos una burocracia apoltronada aprovechándose de los recursos que se ganaba el campesino y no le hemos devuelto nada al campo. En cierta ocasión frente al presidente Santos, le manifesté la importancia de subsidiar al campesino, no comprándole la cosecha por más de lo que vale sino generándole posibilidades de tener acceso a fertilizantes, tecnología, para que pueda aumentar su productividad, pero si la ayuda es pagar por el producto más de lo que vale lo que estaría propiciando es el contrabando.
Es notoria la necesidad de planificar el campo e integrarlo al sector urbano; si un campesino tiene una granja con seis u ocho árboles de naranjas, nadie le va a comprar medio bulto de naranjas. Cuando yo fui alcalde tomé la decisión de comprar dos camiones para que salieran por las veredas a comprar esa pequeña producción, que no tenía forma de llegar a los centros de consumo. 
J.A. El uso de suelo trae inmerso un conflicto de intereses; citando un ejemplo, hay zonas en Cerritos con escasez de servicios, inclusive no existe planta de tratamiento de aguas residuales, ¿cuál es su opinión frente a esto?
J.G.A.:Es verdad que no tienen alcantarillado, ya que es muy costoso llevar el agua y mantener un sistema de transporte eficiente pero, paralelamente, se está obligando al dueño de la tierra a que la vuelva casas porque de otra manera se la estamos expropiando; entonces, aparentemente, se quiere que todo sea urbano, porque la administración no colabora para que haya zona agrícola, además es necesaria la construcción de una planta de tratamiento para toda la ciudad, que esté incluida en los planes de desarrollo.
 J.A. Existen actualmente dos conceptos de ciudad: una para el ser humano y la otra para el automóvil, ¿Qué opina al respecto?
 J.G.A.:Existen muchas ciudades en el mundo que ya son para los seres humanos y no para los vehículos. Se transformaron para caminar o si acaso montar en bicicleta, ciudades que no pueden adecuarse para los automóviles, por ejemplo usted no puede coger el centro histórico de Ámsterdam o de cualquier pequeña ciudad de Francia, Italia o Suiza y construir allí grandes autopistas. De manera que podríamos ir pensando en la adecuación de zonas peatonales dentro de la ciudad. 
J.A. ¿Qué concepto tiene de la Renovación Urbana?
J.G.A.: La renovación urbana es el conjunto de acciones que le permiten a la ciudad ponerse en concordancia con las necesidades que le plantean las relaciones de los hombres; por lo tanto, la renovación no necesariamente se debe dedicar a transformar galerías de plátanos y pescado en galerías de arte, aromatizando así los mugrosos muñones de una época cuando la plaza de mercado era suficiente y adecuada para la tarea de intercambio que se le había encomendado.
La renovación debe englobar toda una estrategia para comprender el funcionamiento de la ciudad, lo neurálgico de las relaciones con el campo y sus vecinos, las modificaciones e intervenciones sobre el espacio; entonces se han de consultar autóctonos usos y costumbres, aunque modifiquen sustancialmente la estructura misma de la utilización del suelo tradicional.
 J.A. ¿Qué opina sobre los proyectos de renovación para la ciudad que actualmente se están implementando?
 J.G.A:Voy a referirme a dos proyectos de renovación urbana: el primero fue a partir de la política del traslado del zoológico y los planes para utilizar ese terreno, la cual fue diseñada para volverlo edificios y, entonces, considero que es un golpe mortal a los espacios públicos de Pereira; cuando la Sociedad de Mejoras tuvo el control de ese sector era un parque público y es un crimen para la ciudad volverlo un sector de edificios; el segundo se refiere al terreno donde hoy se encuentra el Batallón San Mateo, a ése también le están apuntando para volverlo dinero, cuando podría ser un gran pulmón verde de la ciudad.
 J.A.¿Como fue la adjudicación del terreno del Batallón San Mateo?
 J.G.A.: Es imperioso proteger los espacios verdes y los pocos bienes que tiene la ciudad que son rentables para que continúen siendo propiedad de la ciudad y no entregárselo al sector privado
Fue una operación de carácter comercial que tenía una cláusula restrictiva y resolutoria, no sé qué tanto valor tenga eso desde el punto de vista jurídico, legal, pero quien lo cedió lo hizo para ese propósito. Esa fue una idea de Leonor Botero y unas familias de la ciudad.
De esta manera, se forja una ciudad más humana para la gente, que no sea todo para el gran negocio, para el gran empresario, para las grandes superficies, hay que defender al microempresario, al talabartero, al zapatero, y no entregarle la ciudad a los 4 o 5 grandes capitales los cuales están devorando todo lo que hay en el intermedio y, así, les va a pasar lo que le pasó a Hitler cuando invadió la Unión Soviética, que sus tanques caminaron tan rápido que la infantería se quedó atrás y en ese espacio de la mitad se le metieron los adversarios. 
J.A.: ¿Cual creería que sería el nombre de la persona que más aportes ha hecho a la planeación en la ciudad?
 J.G.A.: Se deben mencionar algunas personas, tales como Rod Borgues, un profesor inglés que hizo su proyecto de doctorado aquí, él estudió bastante lo que estaba pasando desde el punto de vista urbanístico y político de la ciudad; Francisco Londoño, Julio Mendoza, Gustavo Orozco y yo también hemos tenido una participación importante en lo que tuvo que ver con el desarrollo de ciertos conceptos de ciudad.

Publicada por
JAIRO ARANGO GAVIRIA

domingo, abril 17, 2016

El #Horror de la 2a Guerra ...desde otra mirada

La Manipulación de la Historia #Historia #Manipulación

A Film Unifinished (2010)
Un documental sobre una película sin terminar que retrata a las personas detrás y frente de cámaras en el Guetto de Warsaw. El filme expone la exagerada manipulación cinematográfica que marcó la forma en la que hoy en día vemos imágenes históricas.
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(si el video desaparece... que es posible...sencillo... busquelo en YouTube) 

martes, marzo 15, 2016

La historia la escriben los vencedores ...¿?... solía suceder (Las víctimas olvidadas, crímenes de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial)

Por  marzo 15, 2016
- en http://culturacolectiva.com/las-victimas-olvidadas-crimenes-de-los-aliados-en-la-segunda-guerra-mundial/

La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto armado más sangriento de la historia de la humanidad, 60 millones de personas, civiles inocentes la gran parte de ellos, murieron víctimas de las balas, bombas o simple limpieza étnica; sin embargo, millones de personas más resultaron heridas, desaparecidas, con algún tipo de discapacidad física o emocional, cientos de barrios, aldeas y vecindarios se esfumaron en bombardeos inhumanos. También se registraron ocasiones en las que los crímenes de guerra no fueron un acto sólo de los Nazis, y los pueblos de Alemania, Japón e Italia sufrieron en carne propia el horror y locura que significan la guerra.
Como dicen por ahí, “la historia la escriben los vencedores” y la Segunda Guerra Mundial es muestra de el odio que existía. La tensión a la que fueron sometidos los soldados durante todo el conflicto era espeluznante; de lado soviético, saber que volverían a casa, quizás sin familia o un hogar que los espera, llevaron a estos hombres a cometer crímenes que hoy son eclipsados por tratarse de ciudadanos de países que fueron derrotados.
Hoy las víctimas de las masacres y bombardeos aún recuerdan el sentimiento, el ver a vecinos y conocidos carbonizados o llenos de disparos, nada en absoluto quitará los miedos, las pesadillas y el horror que millones de personas sintieron alrededor del mundo gracias al conflicto entre las potencias del eje y las aliadas, pero hoy no serán los reclusos en el campo de concentración, las famélicas familias en Leningrado, los habitantes del París ocupado o las personas asesinadas en masa en Nankin, sino los millones de inocentes que no simpatizaban con las ideas de Hitler, Mussolini o Hideki Tojo, pero que estaban al final en un lugar que muchos prefieren olvidar.

A continuación te presentamos algunas de las acciones más bajas que se cometieron durante la Segunda Guerra Mundial y que fueron olvidadas por muchos:
Violaciones en Masa

Segunda Guerra Mundial
Un crimen de guerra que buscaba hacer pagar a las mujeres alemanas las monstruosidades de las Wehrmacht en territorios ocupados, se calcula que más de 2 millones de mujeres habitantes del Tercer Reich fueron violadas sólo por tropas soviéticas, eso sin contar las que lo fueron por los estadounidenses y británicos en el momento de la ocupación, muchas de ellas prefirieron suicidarse ante la vergüenza. Mención aparte merecen los miles de abortos fruto de las violaciones.
Bombardeo de Dresde

segunda guerra mundial
La suerte de la guerra ya estaba echada, los alemanes habían sido derrotados en Stalingrado, Kursk y El Alamein, la mayoría de ciudades alemanas habían sido arrasadas por las bombas o el avance del Ejercito Rojo, Dresde no era un centro militar o industrial, era una ciudad culturas e histórica conocida por su belleza y canales como la Florencia del Elba, pero entonces británicos y estadounidenses bombardearon con todo lo que tenían a un ciudad sin defensas y llena de civiles (muchos refugiados de otras regiones). En ese ataque murieron más de 35 mil personas quemadas vivas la mayoría en tan sólo 3 días de ataques, los militares de ambos países atacaron sólo para asesinar civiles.
Hiroshima y Nagasaki

Hiroshima y Nagasaki
Uno de los mayores crímenes de guerra de todos los tiempos, una sola bomba en cada una de las dos ciudades acabó en cuestión de segundos con la vida de más de 250.000, la mayoría de ellos como siempre civiles inocentes, al día de hoy sigue siendo el único ataque nuclear llevado a cabo contra ciudades pobladas.
Masacre de Katyn

Masacre de Katyn
Entre abril y mayo de 1940, 21 mil polacos fueron asesinados por la policía secreta soviética, el ataque en conjunto tanto de la Alemania Nazi como de la Unión Soviética, fue demasiado para las fuerzas polacas que no tardaron en rendirse. Inmediatamente, Stalin mandó a ejecutar a miles de oficiales del ejercito rendido que se habían tomado prisioneros, así como soldados, intelectuales, dueños de fabricas y demás enemigos del estado.
Profanación de cadáveres japoneses

Profanación de cadáveres japoneses
Mientras conquistaban territorios del Pacífico, y producto de la fuerte campaña antijaponesa que se dio en Estados Unidos, los soldados norteamericanos creían que los habitantes del Imperio del sol naciente no eran humanos, por que decoraban sus tanques y bases con trozos de los japoneses muertos en combate en lugar de darles sepultura o entregar los restos, aún hoy se pueden encontrar miles de cráneos japoneses en territorio estadounidense.
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jueves, marzo 10, 2016

El cura y sus 12 apostoles

El cura de las dos biblias

Estaba por alcanzar los 60 años de edad cuando llegó al pueblo en un bus de línea y una maleta de cuero que arrastró hasta la residencia parroquial donde viviría. No daba la apariencia a primera vista de ser un cura cualquiera porque, entre otras particularidades, tenía dos biblias.
Revestido hasta los talones con su sotana negra, abrochada de arriba a abajo y desteñida por el uso y los años, Gonzalo Javier Palacio Palacio, llegó para servirle de ayudante al párroco principal de la iglesia Las Mercedes del pueblo de Yarumal, departamento colombiano de Antioquia. El nuevo sacerdote pronto cobró fama porque indagaba hasta el último detalle sobre cada uno de los pecados de los feligreses que iban a pedirle que se los perdonara en el ámbito secreto del sacramento de la confesión.
                  “Otra cosa que recuerdo de él es que tenía dos biblias: una, común y corriente, para las misas y en la otra, que llevaba a todas partes, había abierto un hueco entre las páginas para esconder un revólver Smith & Wesson, calibre 32, de seis tiros y cacha negra”, precisó un viejo campesino que acudió muchas veces a buscar la bendición del cura.
                  En los oficios religiosos tronaba desde el púlpito exhibiendo la Biblia de decir misa: “en este evangelio vemos muy claro que Cristo nos da a sus apóstoles el poder de perdonar los pecados. En ninguna parte dice que los cristianos deban pedirle perdón a Dios directamente. No, siempre deben pedírnoslo a nosotros, sus apóstoles”, rememoró el viejo campesino.
                  Recuerda que, como ningún otro cura, examinaba cada confesión con detenimiento para saber de ella hasta los más pequeños detalles. Podría decirse que con sus preguntas le hacía la autopsia a cada pecado hasta verificar si tenía rastro de algún delito secreto. “No le bastaba saber si uno había mentido, si uno tuvo un mal pensamiento, si uno juró en vano el santo nombre de Dios o si uno deseó a la mujer del prójimo. No, preguntaba de quién era hija la mujer del prójimo, dónde había estudiado, cómo se llamaba, dónde vivía y qué hacía exactamente ese prójimo”.
                  Otra peculiaridad del cura Palacio Palacio era que, en contraste con sus exhaustivos interrogatorios, “ponía penitencias muy cómodas. Usted podía confesarle, pongamos por caso, que se peleó con un vecino o que se robó un carro. Entonces, le preguntaba, eso sí, hasta el último detalle del vecino o del carro y al final simplemente daba la bendición y, cuando más, ponía de penitencia un simple padrenuestro”.
                  No obstante la serie de preguntas exhaustivas a las que sometía a sus feligreses, ellos preferían que él les tomara la confesión para verse recompensados con la simplicidad de sus penitencias.
                  Pero la predilección por este padrecito comenzó a disminuir entre la gente debido a que adoptó la costumbre perniciosa de pedirles a ciertos parroquianos fotografías de personas que fueran mencionadas en las confesiones y dejaba en suspenso el perdón de Dios hasta cuando el penitente cumpliera la orden celestial impartida a través de él.
                  Luego, el apóstol de Cristo comenzó a despertar sentimientos de pavor entre un sector del pueblo que descubrió cómo muchas de las personas por las que el cura preguntaba con sumo detalle en el confesionario eran asesinadas después por bandas de pistoleros, la Policía Nacional o el Ejército.
Llegó un momento en que ya nadie acudía al locutorio de su reverencia el padre Palacio Palacio y éste, extrañado por esa pérdida repentina de fe, salió a las calles y las cantinas del pueblo a indagar entre los feligreses acerca de por qué habían decidido esquivarlo.
“Su reverencia, a mí me dijo una señora que es que usted tiene muy mal aliento y por eso ahora prefieren confesarse con el párroco o ir hasta Santa Rosa”, recuerda que le mintió el viejo campesino cuando fue interceptado una mañana por el cura.
                  En medio del terror que sembró en la región un largo y creciente período de asesinatos de personas sobre las que Palacio Palacio había preguntado en la confesión, los miembros de la Policía Nacional en Yarumal comenzaron a amarrar cadáveres al parachoques delantero del carro de patrulla Nissan Patrol del destacamento para exhibirlos durante lentos recorridos por el pueblo.
                  Era 1990. Los paisanos no debieron hacer muchos esfuerzos para descubrir que un grupo de hacendados y comerciantes del pueblo, asociados con la Policía Nacional y el Ejército, estaban cometiendo asesinatos selectivos, llamados “limpieza social”, bajo la dirección principal del ganadero Santiago Uribe Vélez, hermano del controvertido político regional Álvaro Uribe Vélez, ambos hijos del extinto comerciante, ex socio de Pablo Escobar y supuesto comerciante de cocaína Alberto Uribe Sierra, a quien las influencias de su hijo Álvaro lo habían salvado de un pedido de extradición hecho por el gobierno de Estados Unidos.
                  Antes de poner en práctica la estrategia aterrorizante de exhibir al público los cadáveres de las víctimas de “Los doce apóstoles”, en expedientes judiciales quedó registrado que Santiago Uribe Vélez mandó renovar el carro de patrulla del destacamento usado para ello y lo hizo repintar con los colores reglamentarios, negro y blanco, que entonces distinguían a los vehículos de la Policía Nacional.
                  Las víctimas de la “limpieza social” eran, por lo común, drogadictos, prostitutas, homosexuales, izquierdistas, forasteros, trabajadores agrarios inconformes que denunciaban judicialmente a sus empleadores, protestantes, deudores morosos, ladrones, ateos, sospechosos de congeniar con el hampa guerrillera y, en general, todo aquel que fuera contrario a la decencia, la moral pública y las sanas costumbres cristianas.
                  Bajo el imperio del terror, Yarumal se convirtió, según se hizo costumbre reconocerlo, en un remanso ejemplar de orden, paz y seguridad con democracia.
                  Las indagaciones cautelosas que, sin embargo, hacía el pueblo para averiguar la realidad permitieron determinar que la organización criminal causante de tantos “beneficios de higiene social” era manejada por un consejo de once personas, más el mensajero de Cristo en Yarumal, su reverencia Gonzalo Javier Palacio Palacio: por eso se dio en llamarla “Los doce apóstoles”.
                  Las pesquisas que, con silencio y cautela, los pobladores comentaban en la clandestinidad y debatían en voz baja, les permitieron establecer que los asesinos que asolaban los campos de la región eran adiestrados por policías y militares en un sector de la gigantesca hacienda La Carolina, de los hermanos Uribe Vélez, situada entre los municipios de Yarumal y Santa Rosa de Osos, en el norte del departamento de Antioquia. El latifundio estaba dedicado principalmente a la crianza de toros de lidia.
                  La semana pasada, con una tardanza de 25 años, fue arrestado Santiago Uribe Vélez por la formación de esa banda criminal cuyas fechorías suman cerca de 300 homicidios. Fue una acción judicial inesperada que siempre impidió llevar adelante el eficiente poder saboteador que ha tenido sobre este caso Alvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia entre 2002 y 2010.
                  El propio ex presidente está enredado en el sumario matriz, compuesto por cerca de 13 mil folios, de los cuales guardo copia auténtica, a buen recaudo, en Nueva York. Distinguido con el número 8051 de la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Fiscalía General de Colombia,  contiene abundantes denuncios, informes forenses, declaraciones de testigos reservados, investigaciones independientes, delaciones, confesiones de narcotraficantes, conceptos de organismos internacionales, organigramas, peritajes, informes oficiales acusatorios de distintas autoridades y enlaces a otros procesos penales en los que, de la misma manera, abundan los señalamientos directos contra Santiago y Álvaro Uribe Vélez por variados delitos de lesa humanidad atribuidos a “Los doce apóstoles”,  raíz y cimiento de lo que años después sería el gran ejército de los carteles del narcotráfico que, con más de 20 mil sicarios distribuidos en bloques paramilitares regionales, se conoció como Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.
                  “La verdad sea dicha, para condenar a Álvaro Uribe no han faltado pruebas sino cojones”, sentenció en su cuenta de Twitter la abogada penalista de Bogotá Diana Muñoz.
                  Una de las masacres más repudiadas de “los doce apóstoles” fue la de la familia López, en la zona rural La Solita, del municipio de Campamento, próximo a Yarumal, en la que fueron asesinados seis campesinos, entre ellos dos niñas de ocho y once años, Yoli y Milena (ver foto). A un niño de ocho años, Darwin (ver foto), le perdonaron la vida para que contara cómo fue cometido el crimen múltiple y aterrorizara a la población con su relato. Este chico salvó a un bebé de brazos al que las balas de los asesinos lo rozaron por todos lados pero solamente recibió heridas menores con esquirlas de una granada de fragmentación lanzada por los asesinos.
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En la masacre participó el batallón Bárbula, de la IV Brigada del  Ejército Nacional, y los muertos, incluidas las dos niñas, fueron presentados como combatientes de las FARC.
La familia López supo que el Ejército y “Los doce apóstoles” habían decidido asesinarlos y durante un par de meses pasó las noches durmiendo a la intemperie escondida en las montaña. Luego abandonó su parcela campesina y se escondió en Medellín y Anorí pero regresó en la clandestinidad para saldar asuntos domésticos que habían quedado pendientes. Cuando todo estuvo en orden, los López se prepararon para huir del todo en una larga caminata que emprenderían en la madrugada, sanos y salvos.
Sin embargo, a partir de un par de desprevenidas confesiones de penitentes recibidas en el locutorio de la parroquia de Las Mercedes, de Yarumal, el cura Palacio Palacio ató cabos, dedujo que los López habían regresado a La Solita, bendijo a los confesantes, pasó la información a los asesinos y estos masacraron a la familia cuando acababa de beber una olla de café cerrero y se disponía a emigrar por las montañas en una marcha de varios días que intentó emprender antes de que brillaran las primeras luces del nuevo día.
Veinte años después, María Eugenia López, quien perdió a su familia en la masacre, supo que el cura Palacio Palacio daba misas en la parroquia del barrio San Joaquín, en Medellín, donde la iglesia Católica lo escondía de la justicia, y decidió buscarlo. Al entrar en la iglesia reconoció la voz del apóstol que rebotaba contra las paredes del ámbito sagrado, esperó que terminara la misa y lo encaró.
–Usted mató a mi familia –lo increpó María Eugenia.
– No sé de qué me está hablando –contestó el cura atolondrado.
 –Usted asesinó a mi familia, en La Solita, con el ejército y “Los doce apóstoles” –le gritó de nuevo María Eugenia mirándolo a los ojos.
–Lo que quiera saber pregúntelo en la Fiscalía, yo soy inocente –murmuró el cura con el aliento agitado y próximo a alcanzar los 80 años de edad.
– A usted lo apresaron el 22 de diciembre de 1995 y le encontraron el revólver que escondía entre una biblia y después quedó libre pero usted es un asesino –afirmó María Eugenia con un coraje que jamás en su vida había experimentado.
–¿Y es que yo no puedo tener un arma? –replicó el ahora anciano cura. Con el pulso tembloroso, sustrajo de un bolsillo de su sotana una navaja y desdobló la hoja bruñida y filosa –¿El que yo tenga esta navaja significa que la vaya a matar? –preguntó haciendo una embestida fallida hacia la garganta de María Eugenia, que la esquivó –¡Ese revólver me lo regaló el general Gustavo Pardo Ariza! (el que fue destituido por haber protegido a Pablo Escobar para que huyera de la cárcel en 1991).
– Yo no lo voy a perdonar a usted ni voy a olvidar lo que me hizo. Sólo quiero saber la verdad y que haya justicia –le exclamó María Eugenia al apóstol de Cristo que acababa de oficiar una misa y de errar un lance de puñal.