Hace 8 años voté -lógicamente- por Mockus, en primera y en segunda vuelta. Nunca olvidaré aquello del “caballo discapacitado”, ni “los huevitos”, ni “sobre piedra”… y por semanas pensé que tendríamos un títere en la Casa de Nariño. Las primeras señales de que íbamos a tener un Presidente, y que pensaba más en el país que en él y menos en su autoproclamado “jefe”, fue su primer gabinete. Varios rivales (¿enemigos?) de su esperado titeretiador, llegaron a ministerios, o a cargos claves, como Gina en el SENA, Juan Camilo Restrepo en Agricultura, Rafael Pardo, Vargas Lleras… Se decía que el único ministro uribista pura sangre era Rodrigo Rivera. La ira del “presidente eterno” fue infinita. El odio, el ataque día tras día, hacía predecible un gobierno enredado. Y lo fue. Arrinconado recurrió a lo que todos sus antecesores -incluido su mayor enemigo- le habían dejado como espantosa herramienta de gobernabilidad: La mermelada. Así, a pesar, no de la oposición, sino del “odio”, Santos ti...